Si estás pasando por alguna dificultad, reza diariamente una oración al Espíritu Santo, que será para tí, luz, fuego, brisa, según la ocasión.

"Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores, adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que le adoran, en Espíritu y en Verdad es necesario que adoren." (Jn. 4.23-24)

sábado, 30 de mayo de 2009

Lectio Divina

por Arturo Somoza Ramos - Grupo Herramientas Nueve




INTRODUCCION.-




Definición:


La Lectio Divina se refiere a la lectura de la Palabra de Dios. Pero hay que precisar más. Se trataría, según la tradición recibida, de la lectura-escucha-orante de la Palabra de Dios.



En expresión del Cardenal Martini sería: un ejercicio ordenado y metódico de escucha personal de la palabra de Dios.



Entrenamiento:



Ejercicio quiere decir algo activo, no pasivo. Exige esfuerzo. Movimiento. Implica. Compromete. Supone un entrenamiento constante. Método: Es un ejercicio que tiene su propia dinámica interna. Con una metodología sencilla, experimentada, avalada por una rica tradición. El método se aprende entrenándose.


Escucha supone atención, disponibilidad a recibir la palabra. Ejercicio de escucha para recibir el don de la Palabra.



La Biblia:



De la Palabra de Dios. No se trata de palabras sobre Dios, acerca de Dios. Sino de la Palabra de Dios con artículo determinado. Dios puede hablarnos de muchas maneras, pero aquí y ahora nos referimos a la Sagrada Escritura. A la Divina Escritura. De ahí el nombre de lectio divina.

Testigo:



Quizás no esté de más, tener un recuerdo de María. Ella escucha atentamente, en profundo silencio, con entera disponibilidad. Y exclama: "Hágase en mí según tu Palabra". Su imagen estará presente, de forma explícita o callada a lo largo de estas páginas.






Plan del libro:

Al comienzo de este libro describiremos el método de la Lectio Divina de una forma global. Luego, detenidamente, iremos analizando cada uno de los pasos. Encontraréis textos o frases para saborear sin prisas. Para aumentar el apetito más que para saciarlo. Aperitivo sólo. Porque la comida buena viene después.



" Como de la fría piedra golpeada por el martillo saltan chispas incandescentes, así de la lectio de la palabra divina, por la inspiración del Espíritu Santo, brota el fuego. "

San Gregorio Magno





Escucharé tu Palabra

Escucharé tu Palabra,

en lo profundo de mi corazón

yo la escucharé.

En la oscuridad de la noche

la Palabra como luz

brillará.

Meditaré tu Palabra,

en el silencio interior

la meditaré.

En el desierto de las voces

la Palabra de amor

resonará.

Y seguiré tu Palabra,

por el sendero de la vida

yo la seguiré.

En el trance del dolor

la Palabra de la cruz

me salvará.

Guardaré tu Palabra,

para la sed de mis días

la guardaré.

En el transcurso del tiempo

la Palabra de lo eterno

no pasará.

Anunciaré tu Palabra,

caminando por este mundo

yo la anunciaré.

Las fronteras de tu Reino

la Palabra como un viento

abrirá de par en par.

Ana María Galliano



---PAUSA---

Lee despacio el texto o dilo cantado en tu corazón. Párate en los verbos que expresan tu deseo o compromiso. Observa en el quinto verso de cada estrofa los aspectos o valencias distintas de la Palabra. Establece tú la relación directa que tiene el texto con la Lectio Divina.







ITINERARIO DE LA LECTIO.-

Como si de una aventura se tratase, es preciso conocer el camino para no perderse. ¿de dónde sale el camino? ¿dónde lo encontramos? ¿hay que llevar provisiones por si el camino se hace largo? ¿se puede prever alguna parada, en algún claro del bosque? ¿necesitamos de algún guía?

Algunos preferirán no hablar de aventura, sino de trabajo, de ejercicio, de ejercitación. También, en este caso, surgen las preguntas: ¿no es necesario un plan de trabajo? ¿no es preciso prever los ejercicios sucesivos?



El deber de sentarse o la necesidad de los planos:

El deber al que nos referimos tiene un origen evangélico. Jesús justifica este deber con una parábola. Para los que no lo recuerden, he aquí la cita: Lucas 14,28-32.

Jesús pregunta: ¿quién de entre vosotros si va a construir una torre no va y se sienta primero para calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? E insiste con otra pregunta: ¿qué rey si se tiene que enfrentar con otro rey en una batalla, no va y se sienta antes y delibera para ver si con sus diez mil hombres puede salir al encuentro del que viene con veinte mil?

Si el que construye la torre no se sienta, será la irrisión de los que vean que no puede acabarla. "Comenzó a edificar y no pudo terminar". Si el rey de la batalla no se sienta, será derrotado.

Es necesario que el arquitecto haga los planos antes de empezar la construcción del edificio. Es bueno que quien va a iniciarse en el camino de la Lectio Divina conozca previamente el Itinerario a seguir.



El sentido y el valor de un esquema:

El esquema es la representación de una cosa atendiendo sólo a sus líneas o caracteres más significativos. El esquema es, por naturaleza o definición, algo rígido. El esquema es como el esqueleto. El esquema es inmóvil. La vida es movimiento. La lectio divina es movimiento.

Imagínate, pues, en movimiento. Subiendo y bajando. Latiendo, respirando, sintiendo. Cuando veas el esquema piensa en la sangre, en el aire, en la vida, en el movimiento. La Lectio no puede convertirse en un esqueleto rígido. La Lectio es acción, ejercicio. El esquema te vale para el entrenamiento. Entrenar es preparar o adiestrar a personas o animales para llevar a cabo una acción, especialmente para la práctica de un deporte.

Una vez que uno se ha entrenado y ejercitado, ya no tiene que estar mirando a la tabla de gimnasia o al orden de los ejercicios. Sabiendo que una cosa aprendida no cae en el olvido si se practica. Ejercitándose.

El esquema no puede resultar algo forzado. La experiencia es mucho más flexible, la práctica nos traerá la flexibilidad, la elasticidad, la libertad.

Cuando uno se ha familiarizado y aprendido el método, se olvida del método. El método es el andador. Iniciar la Lectio es saber a dónde vamos, por qué caminos vamos a transitar, qué etapas o paradas vamos a encontrar. La Palabra, más que "palabras", es una persona. Es Dios. Salimos al encuentro de Dios.

Los tiempos detallados no deben impedir el ritmo, el movimiento de una sinfonía.

En la cumbre damos a Dios alcance o somos alcanzados por Dios. Es el "encuentro". Luego volvemos a la vida.

* preparándonos para el encuentro.

* gozo y éxtasis del encuentro.

* prolongando el encuentro.

¿qué hay en la Lectio?

Lenta ascensión. Y bajada o descenso reposado. El avión no alcanza verticalmente su altura de crucero. Asciende poco a poco. Lentamente se va ganando altura. Tampoco se lanza en picado desde las nubes a la pista de aterrizaje. Se va acercando despacio al suelo. Despegue y aterrizaje exigen del piloto un buen entrenamiento.

La lectio tiene dos dimensiones esenciales, dos movimientos. Es siempre mirada vertical y mirada horizontal. Nunca una sin la otra.

Buscamos el rostro de Dios en la Palabra y se nos envía a la creación, a la historia, al mundo, a la vida. Ahí encontramos sus huellas, su rastro, su bondad, su misericordia.

Miramos a la vida y la vida, con un dedo índice bien claro, nos envía, nos señala, nos indica, nos remite a Dios y su misterio.

Mirando la vida, atravesándola con la mirada creyente, desde la Palabra, se llega a Dios. Y contemplando a Dios, la Palabra nos remite a la vida, con una nueva visión de la vida.

A la lectio vamos de noche, desde la vida; y habiendo estado con Dios, después volvemos a la vida. Con ojos nuevos, con una nueva mirada distinta, que nos brinda posibilidades distintas.

--No es bueno quedarse en la cumbre: ¡qué bien se está aquí! Hay que vencer la tentación de hacer tres tiendas. Hay que bajar al valle, volver a la calle, a la plaza. Porque si se ha dado el encuentro con Dios en la montaña, será posible el encuentro con Dios en la vida y en la historia de todos los días.--



ANTES DEL ESQUEMA.-

La Lectura –lectio- es el estudio atento de la Escritura hecho con un espíritu totalmente orientado a su comprensión.

La meditación –meditatio- es una operación de la inteligencia, que se concentra con la ayuda de la razón en la investigación de las verdades escondidas.

La oración –oratio- es volver con fervor el propio corazón a Dios para evitar el mal y llegar al bien.

La contemplación –contemplatio- es una elevación del alma que se levanta por encima de sí misma hacia Dios, saboreando los gozos de la eterna dulzura.

--La lectura lleva alimento sólido a la boca, la meditación lo parte y lo mastica, la oración lo saborea, la contemplación es la misma dulzura que da gozo y recrea--

Guido el Cartujo, autor medieval.



ITINERARIO. ESQUEMA.-



STATIO (Preparación) La Palabra esperada. Estoy a la espera. Me pongo a la escucha. Disposición interior. Silencio.
LECTIO (Lectura) La Palabra escuchada. Leo el texto con atención. Leer bien es escuchar en profundidad.
MEDITATIO (Meditación) La Palabra comprendida. El significado de la Palabra. ¿qué dice, qué me dice? ¿quién me dice?
ORATIO (Oración) Mi palabra responde a la Palabra. Se inicia mi diálogo con la Palabra. Oro el texto, brota viva la oración.
CONTEMPLATIO (Contemplación) La Palabra encarnada. Epifanía. Ante la manifestación de Dios, me postro, adoro. Silencio ante la Palabra.
DISCRETIO (Discernimiento) La Palabra confrontada. Prolongo la escucha, discierno. Analizo. Distingo cuál es la voluntad de Dios.
COLLATIO (Intercomunicación) La Palabra compartida. Sopeso con otros mi respuesta a la Palabra. Diálogo con los hermanos.
ACTIO (Respuesta) La Palabra en acción. La Palabra da frutos. Se cumple, se realiza. Vida. Testimonio. Anuncio. Compromiso.
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CAPITULO 1

STATIO (PREPARACION)

Es el momento previo antes de la salida. Ese tiempo del atleta que es pura concentración antes de escuchar el pistoletazo. Si traducimos literalmente la palabra estación nos lleva a estos significados: "detención aparente de los planetas en sus órbitas", "cualquier lugar en que se hace alto durante un viaje, paseo, etc. especialmente sitio donde hacen parada los trenes y se admiten viajeros o mercaderías".

Es parada, punto de partida. Tiene sentido por el viaje que se va a emprender. Salimos. Nos vamos a poner en marcha. Hay que poner a punto el motor. "Pararse": dejamos de lado la acepción usual en América que equivaldría a "ponerse en pie", aunque tiene valor y sentido aquí, por lo que significa de disponibilidad. Cuando el verbo "pararse" va seguido de la preposición "a" y un infinitivo que signifique acción del entendimiento, la expresión equivale a ejecutar dicha acción con sosiego.

Ejercicio práctico:

Pararse a... Por detrás verbos que tienen que ver con lo que estamos tratando o con lo que se hace en la Lectio Divina. Por ejemplo leer, pensar, contemplar, rezar, mirar, escuchar, dialogar. Reflexiona sobre lo que eso supone y lo que eso te sugiere. Pararse a...

Este escalón o peldaño supone: Disponer el cuerpo y disponer el espíritu. Postura y compostura. Cesar en el movimiento, en la ocupación o en la acción en que uno estaba. Buscar el sitio. Pedir ayuda. Tomar con amor el Libro. Ponerlo en las manos como si fuera un tesoro. Apretar el libro al cuerpo. Llevarlo a los labios. Besarlo. Llevarlo al corazón. El cuerpo, en contacto directo con el Libro, dice: "aquí estoy". Entero. Mi corporeidad y mi interioridad.



Tres textos bíblicos:

* Preparad el camino al Señor, allanad su sendero.

* El Señor dijo a Moisés: prepárate para mañana, sube al amanecer al monte Sinaí y espérame allí.

* Aquí estoy. Habla Señor, que tu siervo escucha.



En este momento hay que...

...liberar la mente y el corazón, la cabeza y las manos, de todo lo que molesta o distrae. Hay que dejar las cosas que nos traemos entre manos, para ponerse "manos a la obra". Dejar las preocupaciones para "ocuparse" en la escucha de la Palabra.

...pedir luz y fuerza. Serán dos valencias muy importantes de la Palabra. Luz para ver bien lo que nos trae la Palabra. Luz para ver la vida con ojos nuevos, con esa visión que nos traerá la Palabra. Y fuerza para lanzarse de nuevo a la vida. Luz y fuerza para que la vida se integre armoniosamente con la fe. Para que la fe no se separe de la vida. Pedir luz y fuerza para que se dé una resonancia perfecta, para que haya un eco en el cotidiano vivir.

...cerrar la puerta. En lugar de andar por ahí vagando o vagabundeando, hay que volver a casa. Recogerse. Cerrar ventanas. Cerrar la puerta. Cierra la puerta y entra en tu aposento interior. Entrar dentro de sí. Sentarse en la alfombra. Sentarse tranquilo. Tender la estera en el suelo. Silencio, paz, sosiego. Cerrar la puerta...para emprender un camino secreto, personal.

...sintonizar bien. O lo que es lo mismo, alcanzar la onda.

...hacer silencio. Silencio exterior e interior. Es lograr el silencio de las cosas, del entorno, de uno mismo, del propio corazón, para llegar al diálogo vivo con Dios. En medio del silencio emprenderá su viaje la Palabra. Silencio que se logra hasta con ejercicios físicos de control de respiración.

...sosegar la casa. Es lo de San Juan de la Cruz, en sus versos en la Noche Oscura "salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada". Que viene a ser lo mismo de su Cántico Espiritual: "la noche sosegada, la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora".

Porque habrá cena. El está a la puerta y llama: "Si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos. (Apocalipsis 3,20).



¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo?

En que momento.

Hay que buscar momentos de sosiego durante el día. Para algunas personas la Lectio puede ser actividad y empeño diario. Otras personas, debido a sus obligaciones, ocupaciones o ritmo de trabajo, buscan un tiempo especial en el fin de semana. Para otros será una actividad especial, coincidiendo con tiempos fuertes de Adviento, Cuaresma, jornadas de retiro, etc.

Puede ser bueno el tiempo de la mañana (Mañana tras mañana despierta mi oído para escuchar...Isaías 50,4), de madrugada, como Jesús ("De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó y salió y se fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración" Marcos 1,35). O por la noche.

En que lugar.

Cualquier lugar puede ser apropiado, si nos permite una lectura lenta con un silencio exterior e interior. En el aposento. En el marco de la naturaleza, la montaña. En una Casa de Ejercicios, de Retiro o de Oración. En rincón preparado y dispuesto expresamente para este cometido. En la capilla o en la Iglesia, delante del Santísimo, ante un Icono.

Con qué actitudes.

Hay que entrar en la Lectio con un corazón limpio (sólo al de corazón puro o purificado se entrega la Sabiduría) y con humildad (Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes).

Es muy importante despertar estas actitudes partiendo de una súplica al Espíritu Santo o sintonizando con María, testigo de la escucha atenta. Pedir que el Espíritu se haga presente con sus dones.



Preparados. Listos. Ya. Antes de la lectura

Preparada o preparado. Ya con el Libro (La Biblia) en la mano. Te puede ayudar esta plegaria, adaptada de otra más amplia, de Patxi Loidi en "Gritos y Plegarias".

Eres libro vivo, libro palpitante.

No eres letra muerta,

sino sangre caliente, engendradora de vida.

Eres libro tajante, como espada de dos filos, que separas de un tajo la verdad y la mentira y me fuerzas a tomar partido.

Eres libro luz, que iluminas los abismos, aclaras y deslumbras; me dejas al desnudo ante Dios y ante mí mismo.

Eres libro penetrante que llegas hasta el fondo, nunca te agotas, porque eres libro de experiencia.



" Eres buena noticia Jesús ¡Ojalá tu rayo me alcance y me hiera!

¡Ojalá sea yo vulnerable a tu luz, vulnerable a tu fuerza!

Que quiero vivir, Jesús, vida llena, sangre caliente, fecundado por tu Palabra. "

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CAPITULO 2

LECTIO (LECTURA)

Hablamos de la "lectura" propiamente dicha. Si damos el nombre de lectio divina a todo el Itinerario es por la importancia de este peldaño o escalón. Mucho va a depender de cómo hagamos esta lectura. Hay que leer bien. Hay que aprender a leer bien las Escrituras. Sabemos leer mecánicamente de una forma correcta. No basta. Se necesita una lectura inteligente. Para captar tanto el sentido literal del texto como el sentido espiritual...

Se nos pide una lectura reposada, sin prisas. Que las palabras no resbalen superficialmente como el agua sobre la piedra. Dar tiempo para que vayan calando hasta lo hondo. La Escritura es el lugar en el cual Dios ha fijado la Palabra pronunciada por El desde los tiempos antiguos, muchas veces y de diversas maneras. Hasta que últimamente nos ha hablado por su propio Hijo. La Escritura es el lugar desde donde El continúa hablando hoy.



" Tampoco tengas prisa aquí y ahora. Párate, ya que este libro no es para leer de un tirón. Lee despacio el texto bíblico siguiente: Hebreos 1,1, "



La Palabra de Dios en la Escritura, es una fuente, un manantial donde Dios nos espera para darnos a beber y saciar nuestra sed. La Iglesia recomienda insistentemente a todos sus fieles la lectura asidua de la Escritura para que adquieran "la ciencia suprema de Jesucristo" Y la Iglesia nos recuerda que a la lectura de la Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, tal y como indica San Ambrosio en esta bella frase: "A Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras".



- Que la lectura no sea fragmentaria y superficial, sino atenta al contexto, a las referencias, a los textos paralelos.

- Se trata de superar la actitud del turista que pasa superficialmente por los sitios, impresionando su cámara fotográfica, en lugar de dar tiempo a que se impresione el corazón. No hay que tener prisa para ver muchas cosas en poco tiempo.

- Hay que hacer una lectura repetida, intentando comprender todos los matices de lo que se va leyendo.

- Hay que pararse en cada rincón, observar todos los detalles. Acariciar con la vista todas las palabras. Posar la mirada con amor en cada una de las frases. Leer, releer, subrayar o escribir una palabra. Familiarizarse y convivir con el texto.



" Aprende a conocer el corazón de Dios en las palabras de Dios "

San Gregorio Magno



- La actitud fundamental en este momento es de lectura-escucha atenta del texto, buscando captar el significado del párrafo en todas sus palabras: sujeto, verbo, complementos: sustantivos y adjetivos; palabras que se repiten, estructura de la oración; signos de puntuación, etc.

- Todas las formas y técnicas del comentario de textos pueden servirnos aquí. Si tienes a mano algún libro de Literatura no perderás el tiempo consultando cómo se lleva a cabo un análisis gramatical, sintáctico y literario.

- Se trata de una concentración de la mente que brota del amor. Cuanto más se quiere a una persona, tanto más nos interesa lo que dice; no se puede perder ni una sola de sus palabras. Dios estaba con Samuel "y no dejó caer en tierra ninguna de sus palabras" (1 Sam, 3,19).

- Como sugerencia he aquí algunas preguntas elementales: ¿qué dice el texto? ¿quiénes son los protagonistas? ¿qué hacen? ¿quién habla? ¿a quién habla? ¿qué hecho o frase me parece fundamental?



Apunte de algunas técnicas sencillas, elementales, utilizadas y utilizables:

- Memorizar el texto. Guardarlo en el corazón.

- Escribir el texto.

- Leer no sólo con la mente, sino con los labios: en alto, bajito, susurrando, proclamando, paladeando las palabras.



Ahora no nos referimos a técnicas, sino que pensamos en actitudes. La mejor actitud es la de valorar lo que tenemos en nuestras manos y ante los ojos. Nos puede ayudar mucho la letra de un canto de José Antonio Olivar "Las palabras de los hombres":

Las palabras de los hombres son palabras y palabras.

Pero cuando Tú nos hablas, tu Palabra es la verdad.

Señor, danos tu Palabra y podremos confiar.

Tu Palabra, Señor, es estrella que guía.

Tu Palabra, Señor, es un sol interior.

Tu Palabra, Señor, es más clara que el día.

Tu Palabra, Señor, es un signo de amor.

Tu Palabra, Señor, es anuncio de gloria.

Tu Palabra, Señor, es aval de verdad.

Tu Palabra, Señor, pone luz en la historia.

Tu Palabra, Señor, es paloma de paz.

Tu Palabra, Señor, es susurro de río.

Tu Palabra, Señor, es grandeza de mar.

Tu Palabra, Señor, es consejo de amigo.

Tu Palabra, Señor, es señal de bondad.

Tu Palabra, Señor, es la lluvia oportuna.

Tu Palabra, Señor, es la fertilidad.

Tu Palabra, Señor, rompe sombras y dudas.

Tu Palabra, Señor, es total claridad.



¡Cuánto más valores la Palabra mejor y mayor será el valor de tu lectura!

¡Valora el tesoro que tienes en tus manos!








CAPITULO 3

MEDITATIO (MEDITACION)

A la lectura atenta sigue la meditación reposada. Al leer sigue el pensar y reflexionar. Adecuada en este momento es la expresión de Santa Teresa: "Llamo yo meditación al discurrir mucho con el entendimiento".

Lo que hemos leído son "las cosas que creemos han sucedido históricamente, pero ahora tienen que actualizarse en nosotros místicamente" (San Gregorio Magno).

Las palabras leídas en el peldaño anterior, se guardan ahora en el corazón, siendo iluminadas por el Espíritu Santo. El Espíritu abre nuestra mente y nuestro corazón, de forma que comprendemos esas palabras como la Palabra de Dios para mí hoy. En este momento de meditación la Palabra fija su morada en nosotros y nos introduce en el misterio de Cristo, la palabra viva de Dios.

María es testigo y modelo de este peldaño de la Lectio divina; ejemplo luminoso en su actitud meditativa: "Guardaba todas estas cosas en su corazón". En su corazón atento se realiza el trabajo paciente, confrontando palabras y acontecimientos con la Palabra. Y María vive este proceso en un clima de amor, de gratitud y de asombro.



Para meditar bien, considera la Palabra como:

AGUA. Déjala que penetre en tu tierra, dale tiempo, como si fuese lluvia o rocío. Si profundizas, llegarás allí donde nace el manantial.

LEVADURA. Amásala con el pan de cada día, con las preocupaciones, los problemas, las angustias, las esperanzas cotidianas.

ESPEJO. En el que tenemos que mirarnos. Nos ponemos delante con lo que somos, lo que tenemos, lo que queremos.

ESPADA. Si te hiere o te duele por dentro es buena señal, significa que en tu meditación no te andas por las ramas.



Cómo hacer la meditación.-

Algún autor aconseja mirar el texto como si se tratase de un cuadro. Intentar ver cómo se ha concebido, elaborado y realizado. Las líneas maestras o perspectivas básicas del autor. Un buen crítico de arte busca el centro. Centro geométrico y centro de gravedad. El centro eje sobre el que gira el cuadro no necesariamente coincide con el centro geométrico.

Examina la página y descubre cuál es el punto central, el centro de gravedad. ¿qué hay en un primer término del cuadro, en el centro, en el fondo?

Es necesario conectar ahora con el mensaje central o global de la Palabra. Con el núcleo del mensaje bíblico. ¿qué tiene que ver esto con la revelación del Padre, con la Encarnación de Jesús, con el Espíritu? ¿cómo se relaciona con la Buena Nueva, con las Bienaventuranzas? ¿con el Padre Nuestro? ¿con las parábolas del Reino?

El peldaño anterior y una primera fase de éste podríamos compararlos con la operación o trabajo de la hormiga. No se trata de comer ahora, sino de almacenar. Después viene el invierno y no hay tiempo para recoger.

Los escritores de la antigüedad (santos padres, les llamamos) hacen luego referencia al trabajo de la abeja. Después de haber chupado las flores, se cierra en su celda y elabora la miel. De su miel disfrutarán luego todos, pobres y ricos, nobles y humildes.



" Vosotros que recorréis los jardines de las Escrituras no tenéis que recorrerlos de prisa o con negligencia. Cavad cada palabra para extraer de ella el Espíritu. Imitad la abeja hacendosa que recoge de cada flor su miel. "



La meditación se desarrolla en tres momentos:

- Recojo las palabras que más me han llamado la atención. ¿qué significan para mí? ¿por qué me importan?

- Interiorizo o rumio estas palabras, desde la mente pasan al corazón y toman morada en él. ¿qué siento yo? ¿cómo me siento yo?

-Veo mi vida, mi historia y la historia, a la luz de esa Palabra. ¿qué me sugiere? ¿qué me pide? ¿qué me exige?



"La Escritura es un paraíso delicioso; en medio del paraíso, Dios ha puesto el árbol de la vida, que son los misterios de Cristo"

La muchas palabras pronunciadas por Dios no son más que una, se reducen a una sola Palabra: el Verbo encarnado. En una Palabra debe centrarse nuestra meditación:

JESUCRISTO.





Como vivir en la meditación de la palabra ese amor de Dios:

- Tomar en nuestras manos, en nuestros labios, las palabras que encierran toda la condescendencia de Dios. Pequeños cofres humanos con sorpresa.

- Cada palabra, cada frase, cada párrafo es una muestra certificada, una foto, de esa inefable benignidad de Dios.

- El texto es como una caracola con música donde resuena el mar inmenso del amor de Dios. Ponerla en nuestro oído. Y poco a poco se despertarán los sentimientos profundos, como ecos de una atenta escucha.

- Es un cuadro con infinitos matices y colores. Palabra que consuela y corrige. Palabra que guía. Palabra que interroga. Palabra que sacude y mueve al compromiso.

- Asombro y perplejidad porque la Palabra de Dios se hace palabras humanas. Para el oído del hombre y la mujer, para los labios humanos, para el corazón humano. Con acento humano, con modulaciones humanas. Muchas veces, con la belleza y poesía del lenguaje humano.

- Como el hijo que toma en sus manos la carta de su madre. La relee, la rumia, la saborea, la gusta con los ojos, con los dedos, con el corazón. La carta con palabras de un amigo o amiga, del novio o de la novia.

- De la carta saldrán ráfagas de luz para iluminar nuestros ojos. Nos ayudará a leer y releer todo con la mirada de Dios. Y esa carta de amor, nos hará ver el amor de Dios en nuestra vida e historia.

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CAPITULO 4

ORATIO (ORACION)

De la meditación brota la oración, como respuesta al Señor que ha hablado. Hemos reflexionado el texto. Ahora el texto que nos ha sido dado, lo hacemos oración.

La Palabra del Señor engendra la luz y el fuego, enciende "nuestras palabras". Es como una espada que provoca reacciones. Cuando es luz que ilumina mi pecado, provoca en mí la petición de perdón. Si esa Palabra me hace ver los vacíos de luz y de amor (en mi corazón, en mi entorno, en el mundo) entonces me despierta "la súplica e intercesión."

Cuando la palabra me enseña a leer mi historia –o la historia- descubro que se trata de una historia de salvación; entonces la oración se hace "eucaristía", alabanza, acción de gracias. Porque la palabra me ha hecho ver que todo es don, todo es gracia.

La oración no es funcional o utilitarista. Es gratuita, tiene sentido en sí. En sí se justifica. No es para alcanzar nada, es amistad gratuita.

Hay que expresar lo que se siente, darle forma. Los sentimientos despertados adquieren forma al decirlos.

No podemos dar gracias, si no es con palabras. No podemos asentir, si no es de una manera u otra, con un sí.

Dios habla. La persona escucha, se interroga, ve, comprende, siente, quiere... y habla, dice, se expresa. No es monólogo. Es diálogo, coloquio. Pero no se sitúa la oratio en la periferia, en los labios, en las palabras huecas. Se sitúa en lo hondo, en el corazón, en las palabras preñadas que nacen dentro.

Augusto Guerra, que admite las categorías de encuentro y diálogo como válidas para la oración, nos previene para que no se conviertan en irrealismo, superficialidad o intimismo. Hay que vigilar el contenido de ese diálogo:

"El contenido deberá ser la vida (esto es orar la vida: hacer de la vida contenido de diálogo y encuentro oracional). Cuando esto falte y el orante ande vagando turísticamente por las verdes praderas del cielo, es que su oración no ha pasado de ser adolescente. Probablemente es que estamos ante una oración del todo artificial, irreal".



No se trata de leer seguido los textos que van a continuación. Te sugerimos un esfuerzo de trabajo. Párate después de cada uno y reflexiona sobre la forma en la que ese texto puede enriquecer la oración situada en este momento del Itinerario de la Lectio.



"En la oración se apropia uno del salmo leído o de la Palabra leída".

Robustecido por su continuo alimento, hará suyos todos los afectos de los salmos y empezará a cantarlos de tal manera, que con profunda compunción del corazón, los pronuncie no ya como expuestos por el profeta, sino como salidos de él mismo, como su propia oración...se nos manifiesta el significado de las palabras no ya por medio de explicaciones, sino por el encuentro de nuestra propia experiencia.

"La Palabra escuchada y meditada se hace alimento de la propia oración desde la propia experiencia".

No conoceremos ya estas cosas por haberlas oído, sino palpándolas como presentes...nuestra mente llega de este modo a esa plena oración.

"Una oración que desembocará delante de Dios en la contemplación".

Esta oración no se formula con ninguna expresión de voz o de palabra, y, con inagotable gozo del espíritu, se expresa en una ardiente tensión de la mente, con un inefable arrebato del alma, y la mente, saliendo fuera de todos los sentidos y cosas visibles, la derrama en la presencia de Dios con gemidos y suspiros inenarrables. (Casiano Abad)



" El orante se apropia de la palabra leída. La Palabra de Dios se hace palabra mía, que vuelve a Dios en forma de oración. "



"Los sonidos de la oración son, a veces, sólo gemidos, susurros. Podrían también ser gritos".

La esencia de la oración es la acción de Dios, que trabaja en nosotros y eleva todo nuestro ser hacia El. El modo como sucede es llamado por Pablo gemidos. El gemido es una expresión de flaqueza de nuestra existencia creatural. Sólo en términos de gemidos sin palabras podemos acercarnos a Dios, e incluso estos suspiros son su obra en nosotros. (Paul Tillich)

"Oración que acrecienta el deseo y la sed"

El sentimiento de insatisfacción forma parte de la oración: es la prueba de un deseo no colmado que sólo puede crecer con el amor. La oración, en lugar de apaciguar esta sed, la hace crecer cada vez más. (René Voillaume).

"En la oración examinamos nuestra vida a la luz de la Palabra leída. Pero ¡cuidado!. En lugar de mirar tanto nuestros pecados, miremos más a Dios, Padre de Misericordia".

Yo entiendo muy bien, dice Dios que uno haga examen de conciencia, es una buena costumbre pero conviene no abusar de ella...Si lo que queréis es llevar un registro perfecto de vuestros pecados, de todas esas tonterías... entonces, no. Por lo visto, vuestros pecados son tan preciosos que es preciso catalogarlos y clasificarlos y grabarlos y contarlos... y repasarlos y valorarlos e imputároslos eternamente y conmemorarlos con no sé que especie de piedad...Pensáis demasiado en vuestros pecados... Para pensar en el ayer ya es demasiado tarde; pero no lo es para pensar en mañana. (Charles Péguy)

"Más que el ayer, miremos al mañana".

Olvidando lo que dejé atrás, me lanzo hacia delante, por ver si consigo alcanzar a Aquel por quien he sido alcanzado. (San Pablo a Filipenses 3,7-14)

"La oración de súplica o petición es legítima. Nace cuando a la luz de la Palabra vemos la necesidad de ayuda. No seamos pedigüeños, sino agradecidos. Importa la alabanza, la admiración, el asombro".

La gratitud es el canal que permite el fluir de otros dones, la ingratitud es pobreza o, mejor dicho, miseria, que impide a una persona alabar a Dios, dedicar su tiempo a una actividad aparentemente inútil, pero que en realidad es la más útil; vivir en contacto con Dios, admirando continuamente a él y a sus obras.

Tenemos que enseñar a las personas el sentido de lo bello y el gozo de la admiración, si queremos que descubran el privilegio de orar, el asombro de poder dirigirse a Dios llamándole Abbá. (Berhard Häring).

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CAPITULO 5

CONTEMPLATIO (CONTEMPLACION)

Estamos en la cima de la montaña. En el punto más alto. Tocamos el cielo. O estamos en lo más profundo y hondo de la existencia. En la bodega misteriosa. En el pozo, inundados de agua viva.

"La oración" desemboca en "la contemplación". Nuestra atención y nuestra mirada pasa de la Palabra hablada y escuchada a Aquel que habla. Que me habla a mí. En el peldaño anterior, la oración ha ido cambiando nuestra mirada sobre las cosas y sobre nosotros mismos. Y ante Dios que nos habla llegamos a perder la mirada y la vista. Nos quedamos como ciegos. Caemos de rodillas.

La mirada del contemplativo, -que ha perdido la cabeza- penetra y traspasa la superficie de las cosas y de la historia. Y descubre el sentido profundo e íntimo. Delante de Dios, en un instante, pierde la noción del tiempo. Y percibe la unidad entre pasado, presente y futuro. Vislumbra el proyecto de Dios. Toca el misterio de Dios. Descubre el amor de Dios que le inunda de alegría. Y cae de rodillas.

Ha llamado insistentemente en la puerta desde la oración y se le ha abierto la puerta para entrar en la sala de la contemplación. Es lo mismo que expresa Guido el Cartujo en una frase que encontraréis repetida en ese libro: "Llamad orando y se os abrirá por la contemplación".



" Doblo mis rodillas ante el Padre...para ser capaz de comprender en compañía de todos los creyentes cuál es la anchura y la longitud, la altura y profundidad del amor de Cristo, un amor que supera todo conocimiento y que nos llena de la plenitud misma de Dios. "
Lee despacio el texto en la Carta de San Pablo a los Efesios 3,14-18.



En el sendero de la contemplación.-

En la contemplación percibimos la realidad divina y nuestras potencias se aquietan. Delante de El es como si la memoria y la voluntad desapareciesen por un instante. Los especialistas afirman refiriéndose a este peldaño de la oración cristiana: "a la fase meditativa, caracterizada por el discurrir, sigue la contemplativa, que es la quietud frente a la verdad descubierta durante la tarea discursiva. En este último sentido puede decirse que la contemplación es la fase central de la oración, sobre todo, no exclusivamente, de la oración silenciosa o personal" (A. Guerra).

Dejamos de discurrir con la cabeza, dejamos de hablar con el corazón y ponemos nuestra tierra al sol y agua de la Palabra divina. Nos inunda, nos empapa. Y nosotros enmudecemos o cantamos. Nos postramos o danzamos. Adoramos. Lloramos. El asombro es normal en este sendero.

Avanzando a lo largo del sendero llegamos a "la experiencia del Reino". El Reino de Dios no es un lugar, sino una experiencia de intensidad, de calidad, de profundidad, de embeleso. (T.Ryan). Como los discípulos de Emaús también nosotros, con esta experiencia, podríamos decir: ¿no estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?

Como Moisés nos acercamos a la "zarza ardiente" de una presencia que puede abrazar con su fuego.



Lee y reflexiona este texto del Cardenal Martini, uno de los autores que mejor ha abordado hoy en día el tema de la Lectio Divina. Para él este momento de la "contemplatio" consiste en ponerse en disponibilidad ante el don del amor que se nos da, dejar vibrar dentro de nosotros al Espíritu:

"La contemplatio es, en parte, ejercicio activo, adorante y amante y, en parte, ejercicio pasivo, espacio dado al Espíritu de Cristo para que en nosotros adore, alabe y glorifique al Padre. El don infuso de caridad está germinalmente presente, como sabemos en todo bautizado. Sin embargo, muy a menudo no tiene un espacio expresivo, es decir, un espacio corpóreo, mental y estructural: la contemplatio es precisamente el momento en que damos espacio corpóreo al Espíritu Santo. Por eso podemos llamarla también "conversión" del hombre, que se vuelve completamente hacia Dios, que lo elige constantemente, atraído por El, que lo ama con todo el corazón, con toda la mente y con todas las fuerzas elevadas sobrenaturalmente por el Espíritu"



" No os pido ahora que penséis en El, ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento, no os pido mas que le miréis. " (Santa Teresa de Jesús)



La contemplación es un juego de mirar y sentirse mirado. Según el catecismo de la Iglesia Católica (Nº2715), "la contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. "Yo le miro y él me mira" decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario. Esta atención a El es renuncia a "mí". Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres. La contemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo. Aprende así el conocimiento interno del Señor para amarle y seguirle".

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CAPITULO 6

DISCRETIO (DISCERNIMIENTO)

Se trata de una tarea que se va dando en todos los escalones anteriores. Se ha iniciado en el mismo momento de la "lectura".

Nos hemos encontrado con la Palabra que no es una piedra. No nos encontramos ante textos petrificados, fósiles...La Palabra no está encadenada (2Tim. 2,9). Es fuego ardiente, que quema, devorador, "me esforzaba en contenerlo, pero no podía" (Jeremías 20,9).

Hay que pararse y discernir. ¿cómo encauzamos ese fuego devorador? ¿a qué opciones concretas nos lleva? Elegir entre las distintas acciones posibles cuál es o cuáles son "según el Evangelio". Discernimiento es la capacidad de elegir según Cristo, como Cristo. Es la capacidad de concretar la voluntad de Dios.

Cada ser humano, es un ser único, irrepetible, original. Y vive su vida en unas coordenadas distintas, en el mundo y en la Iglesia. La respuesta a la Palabra de Dios no es automática, mecánica. Es personal y madura en el discernimiento personal.

"La complejidad de las situaciones en que está llamado a vivir y obrar para llevar a cabo el plan de Dios respecto a sí mismo y a los demás, le imponen una atenta consideración de los impulsos y de las motivaciones que le inducen a determinadas opciones". (Antonio Barruffo)

Discernimiento sería el interpretar o reinterpretar, leer o releer la Palabra de Dios en la situación concreta en que uno se encuentra. Dios me habla aquí y ahora. ¿qué es lo que el Espíritu a través de la Palabra, pide hoy de mí, me pide o me exige, en la situación concreta e histórica que vivo?

Es una tarea que requiere un talante de flexibilidad y madurez. La respuesta a la Palabra no es una traducción mecánica, rígida, matemática.

Importa señalar que en el contacto con la Palabra nos llega no sólo "luz" sino también "fuerza". Los dos aspectos son válidos para el discernimiento; no sólo ver claro, sino también impulso y coraje. "No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformados mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto" (Romanos 12,2)

San Juan de la Cruz hacía la advertencia. Hay muchos que lo justifican todo diciendo: "Díjome Dios, repondióme Dios". Y no será así, sino que las más veces ellos mismos se lo dicen".



Este paso o escalón se va dando a lo largo de todo el proceso de lectura, escucha, meditación, contemplación. Es importante no separarlo como tiempo distinto, sino hacerlo presente siempre, preguntándose: ¿qué es lo que Dios quiere y espera de mí aquí y ahora? Signos de Dios y signos de los tiempos.

"Queridísimos, no os fiéis de todo espíritu, sino examinad los espíritus, a ver si son de Dios." (1Juan 4,1)

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CAPITULO 7

COLLATIO (INTERCOMUNICACION)

A la hora de responder a la Palabra, sé que no estoy sólo. Puedo y debo compartir con otros, con las hermanas o hermanos, la Palabra. La luz y la fuerza de la que hablábamos antes me llegan seguramente del Espíritu a través de los hermanos.

Esta tarea y este empeño por compartir la Palabra se da no sólo cuando la Lectio se practica en grupo, en comunidad, sino que también debe estar presente cuando se trata de un Itinerario que hemos emprendido en soledad, como camino personal.

En el caso de la Lectio en grupo, supondría no sólo lo que llamamos "homilía participada" o puesta en común de lo que nos dice la Palabra, sino también las aclamaciones, los gestos grupales o comunitarios, los cantos.

También cabe apuntar la posibilidad de la Lectio personal y comunitaria. Se realizarían los primeros pasos de la lectio en privado, cada uno en su cuarto o rincón, haciendo la lectura de un mismo texto. Luego se reunirían en asamblea, aportando cada uno los ecos que la Palabra ha despertado. Compartiendo, suplicando, dando gracias, cantando juntos.

Se recomienda un clima más oracional que de estudio. Sin disquisiciones o disertaciones teológicas. No es un intercambio de saberes, sino de experiencias y vivencias.

Los dos textos que van en esta página pueden ser muy sugerentes:

"Sé realmente que a menudo muchas de las cosas de la Escritura que yo solo no lograba comprender las he comprendido cuando me he encontrado en medio de mis hermanos... Considero como un regalo todo lo que él puede sentir o comprender mejor que yo...y está en la potestad de la verdad el que ella se manifieste por medio de mí a otros o que por medio de otros llegue a mí...unas veces toca a uno, para que escuche con provecho lo que ha hecho resonar por medio de otro; y otras veces toca a otro que haga oír con claridad lo que otros tienen que escuchar". (San Gregorio Magno)



"Escuchar la voz de Dios es imposible sin escuchar a los demás, particularmente el grito de los oprimidos, de los marginados, de los pobres despreciados, de los enfermos.

Quien no escucha todos estos gritos de dolor no podrá percibir ni comprender jamás la voz del Maestro Divino y, por consiguiente, no podrá responderle, hablarle y dirigirle su oración". (Bernhard Häring)



" El Pan compartido (Eucaristía) tiene mucho que ver con la Palabra compartida. De esa profunda comunicación en comunidad, arrancará el compartir el pan con todos, especialmente con los más pobres y débiles. "

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CAPITULO 8

ACTIO (RESPUESTA)

Llegamos al puente o paso de la lectio a la vida cotidiana. Desde lo alto de la montaña (contemplatio) se nos envía al valle de la vida, a la plaza del pueblo, al taller, al trabajo (actio). Para algunas personas resulta difícil el pasar de la contemplación a la acción. No tendría por qué ser así.

La Palabra de Dios, escuchada desde la fe y con fe, hace que poco a poco Cristo mismo, Palabra viva de Dios, nos vaya conformando a su imagen y semejanza. Cuando esa Palabra habita en nosotros, cuando nos habita, nos habilita para ser nosotros mismos palabra-signo-expresión del amor y de la comunicación con Dios.

Si en la Lectio –y más concretamente en el momento de la oración- hemos emprendido un camino para "estar con Dios", ahora tenemos la prueba o el crisol para saber si ha sido auténtico el encuentro: nos lleva o no nos lleva a "estar con los hermanos". El auténtico encuentro con Dios, desemboca en el encuentro con los hermanos.

" La Respuesta es: acción, compromiso, testimonio. "

Cuando la Palabra choca y se roza con la vida, con nuestras palabras, en todos los pasos anteriores, entonces como si de una fragua se tratase, surgen las chispas, el fuego. El hierro se hace incandescente. La palabra con el roce se hace tan caliente, tan brillante y reluciente que se convierte en verdadera fuente de luz. La tea ardiente e incandescente se transforma en fuente de luz de nuestra propia vida y refleja su luz iluminando al mundo entero. La Palabra se ha hecho incandescente.

Nos ilumina y nos quema al mismo tiempo. Entonces somos "tomados" por la Palabra de la misma manera que los habitantes de Jerusalem, cuando escuchaban la primera predicación de Pedro: "Al oirle se compungieron de corazón y dijeron: ¿qué tenemos que hacer?". Cuando la pregunta se ha sentido en lo hondo es señal de que estamos en el trampolín para lanzarnos a la acción.

El reconocido biblista Evaristo Martín Nieto, en un libro reciente sobre el Padrenuestro, nos brinda una página muy valiosa sobre la oración comprometida. Nos apoyamos en ella y en su autoridad para descubrir en la misma Biblia los planteamientos y exigencias, en este último escalón de la Lectio.

- Conviene recordar, en primer lugar, que la Palabra no puede quedar sin respuesta. Porque es como agua venida del cielo que empapa la tierra y no vuelve al cielo sin haber producido antes el fruto deseado. Véase Isaías 55,11.

- Además de ser eficaz, la Palabra de Dios, nos dice San Pablo, es útil para enseñar, para corregir, para educar en la justicia. Su carrera, desde que es pronunciada por Dios, tiene que finalizar en el compromiso por la justicia, tema clave y central que recorre toda la Biblia. Véase 2Timoteo 3,16.

-La oración, por muy alta y contemplativa que sea, si no tiene proyección fraterna, es una oración falsa, si no aterriza en las realidades de la vida social, es una pura evasión que se queda entre las nubes, una oración que se esfuma y se evapora sin dar el fruto deseado.

- La palabra y la oración tienen que traducirse en obras. Y las obras no son otra cosa que cumplir la voluntad de Dios.

Martín Nieto aporta estas citas:

Isaías 29,13

Mateo l5, 8-9

Lee estos textos. Bien claro lo expresa Jesús: "No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial".

- Tenemos una clara ilustración en la parábola de los dos hijos, a quienes, el padre manda a trabajar a la viña.

El primero dice que sí y no va; el segundo responde que no y luego va. (Mateo 21, 28-32) En el primero están retratados los fariseos, gente de mucha oración, alaban mucho, rezan mucho, dicen mucho y no hacen nada (Mateo 23,15) Dicen "sí" Señor y es "no, Señor".

En el segundo hijo están retratados los publicanos y pecadores. Rezan poco, pero cumplen mucho, aun sin saberlo, la voluntad de Dios. Dicen "no, Señor" y resulta que es "sí, Señor" Estos "os precederán en el reino de los cielos" (Mateo 21,31)

- El Itinerario de la Lectio Divina sólo puede darse por concluído cuando la contemplación lleva su fruto a la acción. "Hágase según tu Palabra" (dice María. Lucas 1,38) "Haced lo que El os diga" (nos dice María. Juan 2,5)

- La Palabra de Dios leída, meditada, orada, contemplada, nos empuja y nos lleva a conectar continuamente con la realidad de cada día para que sea vivida, testimoniada, anunciada. La "actio" es una respuesta, en diferentes frentes y con distintos matices: Vida, compromiso, testimonio, evangelización.

- El culmen de la contemplación es la Evangelización. Es decir, la capacidad de brindar a otros el mismo tesoro; la decisión y empeño de ofrecer a los demás la misma agua viva que ha transformado nuestra propia vida. El anunciar con obras y palabras: se da gratis el agua viva.



" Es importante, muy importante mirar. Levantar los ojos. Estar pendientes de alguien que también nos mira. Saber que alguien nos mira, porque quiere decirnos algo, porque quiere hablar con nosotros. Es importante, muy importante, escuchar. Pero es importante también, muy importante, mirar, porque uno quiere decir algo, porque uno quiere hablar. Hay que mirarse a la cara –a los ojos- para establecer un diálogo. "



* Habla, Señor, que yo te escucho.

* Escucha, Señor, que yo te hablo.

* A ti levanto mis ojos.

* ¿Qué quieres, Señor, que haga?

* Hágase en mí según tu Palabra.





PLEGARIA AL ESPIRITU SANTO

QUE NOS ACOMPAÑA EN LA LECTIO.-

Ven Espíritu Santo, te abro la puerta,

entra en la celda pequeña de mi propio corazón,

llena de luz y de fuego mis entrañas,

como un rayo láser opérame de cataratas,

quema la escoria de mis ojos

que no me deja ver la Luz.

Ven. Jesús prometió que no nos dejaría huérfanos.

No me dejes sólo en esta aventura, por este sendero.

Quiero que tu seas mi guía y mi aliento,

mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.

Te necesito en mi noche

como una gran tea luminosa y ardiente

que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento

sopla en el rescoldo y enciende fuego

que arda la lumbre sin llamas ni calor.

Tengo la vida acostumbrada y aburrida,

tengo las respuestas rutinarias, mecánicas, aprendidas.

Tú que eres viento, enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla

en esta aventura apasionante de leer la Palabra,

de encontrar a Dios en la Palabra,

de encontrarme a mí mismo en la lectura.

Oxigena mi sangre al ritmo de la Palabra.

Sopla fuerte, barre, limpia el polvo,

llévate lejos todas las hojas secas

y todas las flores marchitas de mi propio corazón.

Ven Espíritu Santo, acompáñame en esta aventura

y que se renueve la cara de mi vida

ante el espejo de la Palabra.

Agua, fuego, viento, luz. Ven, Espíritu Santo

Amén.

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""EL ESPIRITU SANTO, QUE EL PADRE ENVIARA EN MI NOMBRE, OS LO ENSEÑARA TODO Y OS RECORDARA TODO LO QUE YO OS HE DICHO""
Evangelio de San Juan 14,26

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