Si estás pasando por alguna dificultad, reza diariamente una oración al Espíritu Santo, que será para tí, luz, fuego, brisa, según la ocasión.

"Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores, adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que le adoran, en Espíritu y en Verdad es necesario que adoren." (Jn. 4.23-24)

sábado, 30 de mayo de 2009

¡Señor, gracias por tu Misericordia!

A muchos santos les preguntaron en vida, cual era para ellos el aspecto más saliente de tí, Señor, por el cual se enamoraron. Es decir, con que gracia los heriste de Amor para así poder gritar: El Señor es...la hermana pobreza y el amor no es amado según Francisco de Asís o la Eucaristía, Confesión y la devoción ferviente a la Virgen, pilares de San Juan Bosco.

En estos días, Señor me he preguntado: ¿y que has sido tú para mí?

Yo respondería: MISERICORDIA. Porque cuando estuve caído por el pecado, me levantaste, porque cuando lejos y distante de tus caminos, me volviste a guiar, sin hacer preguntas, porque cuando enfermo, tu bondadosa mano me sanó...y cuántas y cuántas cosas, Señor. Aún yo no sabía que me estabas amando desde el vientre materno. Me perdonaste, recibí gozoso tu dulce amparo y empezaste a dar luz a mis sendas.

Me hablaste al oído y al corazón suavemente y nunca te detuviste. Me tomaste como a tu hijo amado y me abriste los ojos para que despertara. Y cuando creí que te habías ido, merodeabas mi puerta y tú cristalina mirada imponía palabras: ¡Aquí estoy!

Siento así tu Misericordia Señor, recibe entonces mi gratitud, porque todo es gracia, todo es don, todo es gratuidad, todo se recibe y no hay palabra que abarque la dimensión infinita de tu presencia indescriptible.

Pero estas cosas maravillosas, no fueron las que realmente me cautivaron, porque falta una pequeña palabra, que ella sí, por sí misma termina por materializar la profundidad de tu amor misericordioso: "perdón". Cuando el pecado pudo instalarse y no era capaz de levantar los ojos, justo ahí en ese instante, inexplicable e inesperadamente, tú apareciste en un signo, en una caricia de amor y de ternura y me susurraste: ¿donde tu falta? ¿donde tu falta? No la recuerdo!

Sabes Señor, que rompía en sollozos y una alegría inmensa inundaba mi corazón. Sentí ahí la grandiosidad de tu misericordia: amar a pesar de... amar por encima de todo...amar olvidando y perdonando, soportando todo, amar cuando es la única oportunidad donde el amor tiene lugar, para que sea verdadero AMOR cristiano.

Tu Misericordia me cautivó, Señor y me instruyó.

Sea entonces mi gratitud y mi alabanza, por tu don, por tu gracia y por tu ESPIRITU.

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