Si estás pasando por alguna dificultad, reza diariamente una oración al Espíritu Santo, que será para tí, luz, fuego, brisa, según la ocasión.

"Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores, adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que le adoran, en Espíritu y en Verdad es necesario que adoren." (Jn. 4.23-24)

martes, 2 de junio de 2009

María, en la aridez de mi desierto

por Jaume Boada i Rafí O.P.


Cuando la aridez de la arena del desierto se deja notar en tu vida.

Buscar el lugar del corazón, encontrarlo por el camino de la humildad, de la cruz y del silencio; aprender a vivir hacia dentro para después poder vivir desde dentro, tiene su momento de prueba: la aridez, el desánimo, esos tiempos en los que no "ves" a Dios, ni aparece la "luz" por ninguna parte.

Es cierto, el desierto es lugar de luz y de encuentro. En el silencio resuena siempre la Palabra. En el desierto revives el amor primero.

Pero hay veces en las que no sientes nada, no ves nada..., nada te dice nada. Incluso puede parecerte que Dios te ha abandonado. ¿Qué hacer entonces?...

Ante todo permanecer en la búsqueda y en la nostalgia de Dios..., sí en la insistente nostalgia de El. La "ausencia de Él" puede resultar dolorosa, pero nadie te puede quitar la añoranza de su presencia de luz y de amor. Has de saber vivir en la humildad del mendigo que espera pacientemente el don de la presencia que se hace sentir.

Mantente en la paz de reconocer que, aunque el desierto parece una llanura de arenas interminables, Él te hará encontrar un oasis que será para ti remanso de paz.

Y esperar..., permanecer a la puerta del templo, viviendo en la paz de saber que Él es siempre fiel. Y está..., aunque no lo veas.

No dejes de ofrecer a tus hermanos el don de la ternura. Si no la sientes, deséala y ofrécela. Recuerda que cuando tú das y ofreces amor, siempre recibes amor.

Acude a María, que en la aridez del desierto te cubrirá con el manto de la ternura.


El manto de la ternura


Tengo la imagen grabada en el alma. Es un pequeño calendario de propaganda misional. En la fotografía, una niña vestida con unas pobres ropitas acompaña a su hermano menor que está en el suelo, casi desnudo. A pie de foto se puede leer: "Lo cubrirá con el manto de su ternura".

Hoy me siento invitado a dejarme llevar por la "luz" del mensaje de la foto misional. Y por ello, me atrevo a invitaros a orar estas pobres palabras. Como María hizo con el cuerpo de Jesús Niño, cuando como madre amorosa lo cuidaba con ternura, o como en el momento en el que le entregan el cuerpo de Cristo después de ser desclavado de la cruz, yo te invito:

Cubre con el manto de tu ternura el camino que haces hoy en pobreza y en aridez, en sequedad y falta de oración, quizás consciente de tu falta de decisión a la hora de vivir la entrega, y de la debilidad de tu amor a Jesús.

Cubre con el manto de la ternura tus cansancios y tus rutinas, tus decepciones y tus frustraciones, tus devaneos y tus inconstancias, tu falta de ilusión y las incoherencias que pueda haber en tu vida.

Cubre con el manto de tu ternura tu vida entera. Sólo cuando descubras la necesidad de hacerlo, estarás en condiciones de reconocer que los hermanos esperan, tienen cierto derecho de esperarlo de ti; esperan, repito, y necesitan que les ofrezcas el don de tu ternura. Este don de la ternura forma parte de tu testimonio de Jesús, que has de vivir en plenitud para poderlo comunicar a tus hermanos.

Cubre con el manto de la ternura de Dios y de María, Madre de Misericordia, las pobrezas y limitaciones en las que vives, los motivos de desaliento y desesperanza. Cúbrelo todo con el manto de tu comprensión hecha ternura.

Cuando a tu lado veas a tu propio hermano, lastimado por la "desnudez", en la que le deja la consciencia de sus límites y siente en su alma la herida de la desesperanza o de la falta de ilusión: ¡cúbrelo con el manto de tu bondadosa ternura!

Cuando veas que a tus hermanos, y quizás al hermano que quiere aparentar más fortaleza, le lastima la soledad, ofrécele el aliento de tu cercanía; y si es sincera, le parecerá un festín de ternura.

Cuando veas que tu hermano no es feliz porque perdió el sentido de su vida, háblale de Dios, recuérdale el "amor primero" que, un día, le movió a la entrega total y convertir su seguimiento de Cristo en la opción esencial de su vida, y dile que ese Dios-Amor aún le espera, y sube todos los días la colina cercana, para gozarse viendo el retorno del "hijo pródigo". Si consigues que sienta deseos de volver a la casa del Padre, en comunión de amor total y plena con los hermanos, le habrás regalado el "vestido de fiesta" para el banquete de la ternura.

Cuando intuyas que entre tus hermanos se vive con timidez la ilusión del don de ser "hermanos" y el deseo de estar juntos para compartir un camino de vida por el Reino; cuando veas que no se habla de Dios con espontaneidad y se crean "islas"; cuando cunda el desánimo por el cansancio y la falta de hermanos que quieran compartir tu camino; cuando veas que hay desavenencias en tu entorno y la falta de cordialidad crea desunión; cuando encuentras que no se vive en el gozo y la alegría del Espíritu para ser vulnerables a la Palabra, a las necesidades de los pobres y al clamor de la vida, no lo dudes, con humildad y sencillez, sin hacerte notar, vete sembrando las tiernas semillas de tus pequeños gestos de amor, y verás cómo germinan en un inmenso manto de esperanza.

Cuando seas capaz de dar ternura, a pesar de la aridez de tu alma, descubrirás que tú mismo la recibes. Es Jesús el que te la hace vivir dentro de ti, y... dándola la recibes. La fraternidad en la que vives podrá ser entonces, la "tienda del encuentro" ante la que siempre pasa la "Brisa", donde es posible el don de amar y sentirte amado, donde se puedan expresar sinceramente las razones de la esperanza.

Cuando en tu discernimiento descubras que entre tus hermanos se respira un aire de poca confianza, o sientas que la desesperanza ante las dificultades crea un cierto ambiente de desánimo, siembra semillas de paz y de confianza en Dios, vive tú mismo en el abandono más total y pleno en las manos amorosas del Padre, invoca a María, y pídele que sea ella quien lo cubra todo con el manto de su Amor hecho ternura. Confía en el Señor..., ten ánimo..., sé valiente..., confía en el Señor.

Vive en el amor del Padre... Cree en la fuerza de la presencia del Espíritu, don de Cristo Resucitado, en ti... Cree, de verdad, que siempre tiene más fuerza el Amor. Déjate llevar por la fuerza del viento del Espíritu y no te olvides de cubrirlo todo con el manto de tu ternura hecha paz, confianza, paciencia, serenidad, constancia..., sabiendo que, si te mantienen en la fidelidad confiada en el "hoy", estás ya preparando un nuevo "mañana" lleno de esperanza.

Hoy, te propongo sólo una pregunta: ¿Hermano, sabes acogerte a la ternura de María y sabes ofrecerla a tus hermanos, cuando la aridez de la arena del desierto te hace vivir "como tierra reseca agostada sin agua"?... En todo caso, te invito a hacer esta oración:

Madre, cúbreme con el manto de tu mirada: "esos tus ojos misericordiosos". Lléname de la paz de tu amor, haz que "sienta" este amor. Hoy no me basta creer en Él, necesito sentir y saborear la ternura del Amor.

Háblame del amor y de la comprensión del Padre, de la presencia clara de Jesús, del don del Espíritu.

Tú, que cubriste con el manto de tu ternura el cuerpo de tu Hijo entregado, abandonado, muerto; Tú, que te gozaste al contemplarlo resucitado y glorioso; Tú, que acompañaste a los hermanos de la Iglesia naciente en la espera del Pentecostés del Espíritu...

Tú, eres siempre Madre tierna, que miras con especial amor a los más necesitados de tus hijos: ¡cúbreme con el manto de tu ternura!

Sólo cubierto con el manto de tu ternura podré vivir con el alma llena de paz, a pesar de la aridez de la arena de mi desierto. Sólo cuando sienta tu presencia de Madre, sí, tu presencia amorosa en mi camino, podré revivir el don de Dios y reencontrarme con la fuerza que necesito para caminar, y para ser entre mis hermanos sacramento del amor y de la esperanza.

Para ser ante los pobres y necesitados, los carentes de amor y los excluidos, a los que me siento enviado desde mi opción por Cristo, testigo claro y palpable de que la ternura de Dios es siempre aliento nuevo para quien lleva el peso de la cruz...


Aprendiendo el arte de "dejarse amar"


A partir de todo ello comprenderás la importancia que tiene aprender el arte de dejarte amar. Porque todo en tu seguimiento de Cristo nace de esta vida de unión con Él, de la experiencia de Él en la hondura de tu corazón. De Él recibes la fuerza y la vida, el amor y la gracia.

María, que ha cubierto tu pobreza con el manto de su ternura, y te ha invitado a vivir lo mismo con tus hermanos, te enseñará a entrar en el camino del Amor. Es el camino de tu propio corazón. Desde él aprenderás que es posible vivir siempre desde dentro. Porque por la ternura que te acoge en tu propio interior, te sentirás invitado a entrar y a establecer allí la "casa" de la que nace todo lo bueno que hay en tu vida.

Todo lo que quiero decirte, corazón a corazón, con mis palabras, con mis miradas, con mis gestos, también con mi silencio y con mi presencia, es sólo esto:

"Entra sí, entra serenamente, sin prisas, desde tu silencio y desde tu deseo. Entra en esta experiencia interior que te propongo. Vive en esta experiencia de la oración "hacia dentro". Verás que no es egoísta hacerlo, porque después tendrás la ocasión de ofrecer a los hermanos y a la vida lo mejor de ti mismo, porque todo lo que digas y hagas nacerá desde dentro. Ya no dirás "palabras huecas", ni "gestos vacíos" de contenido. Toda tu vida será sincera porque nacerá del hondón de tu alma".

Verás de esta manera que tu vida de opción por Cristo queda plenificada y enriquecida, y todo lo que hagas por dar y darte será tu verdadera proyección, porque nace de dentro.

Cava y ahonda hasta las profundidades de la tierra de tu alma para establecer en ellas las raíces de las que partirá tu anuncio evangelizador de testigo de Jesús.

Ábrete camino en silencio, dejando resonar en ti la Palabra, y a Cristo, Palabra del Padre. Busca serenamente su voluntad, y deja que el Espíritu guíe tus pasos.

Adora y confía, abandónate en las manos acogedoras del Padre, desde la experiencia de Cristo resucitado. Abandónate en sus manos, son manos de Padre, y déjate llevar... !

Ya verás cómo, poco a poco, todo lo que vas viviendo en tu ruta será para ti una experiencia "fundante", porque por ella y gracias a ella comienzas un camino nuevo. Será un punto de apoyo para emprender una nueva andadura y para seguir en ella.

Verás que Él es fiel..., y te espera siempre en el silencio, aunque ahora no lo "veas ", porque Él quiere llegar a tu habitación más íntima. Y quiere morar en tu miseria, porque te ama en ella. Te eligió porque quería que entraras a vivir en la mística del don de ser seguidor de Jesús desde una opción total por Él que da sentido a toda tu vida.

Él te habla cuando tú has descubierto en lo más íntimo de tu corazón y de tu ser ámbitos de silencio para el encuentro. El Señor se manifiesta cuando tú eres sensible a los gestos de amor que silenciosamente va sembrando en tu camino.

Sé sensible y vulnerable al amor, porque sólo aquel que es vulnerable al amor, tan vulnerable que hasta se deja amar, es capaz de amar de verdad, dando el alma y la vida por amor.

Este planteamiento espiritual da al camino que estás haciendo el valor de ser una experiencia fundante y transformante. Y ello supone que tú vivas en una apertura plena al Espíritu y en el silencio fecundo que te conduce a convertir a Cristo Jesús, al que celebramos resucitado, en el corazón de tu existencia, esto es, en el sentido que da unidad y armonía a todo lo que vives y a todo lo que haces, a todo lo que das y a todo lo que recibes, a todo lo que buscas y a cuanto esperas.

Para ello buscas vivir en el corazón del silencio, para alcanzar el silencio del corazón: es el silencio lleno de Amor. Porque sólo cuando hayas abierto la profundidad de tu corazón al amor de Cristo podrás decir que tu experiencia ha sido fuente e inicio de un nuevo camino, y sólo entonces podrás responder en la vida.

Sólo cuando has vivido en una experiencia profunda de tu propia pobreza e incapacidad...; o una y otra vez has comprobado la inseguridad que tienes en ti mismo, descubriendo, entonces que "Alguien" con un amor indecible te susurra en el alma una palabra de aliento y... puedes escucharla... y entenderla; sólo cuando, rendido ante la evidencia de tu "imposibilidad" de hacer más por amar y experimentar el amor, para dar y recibir amor...; sólo cuando ya se agotaron los recursos para intentar dar a tu vida un empujón definitivo, sólo entonces, podrás abrir tu alma a la experiencia fundante de reconocer que lo único que te queda es dejarte amar.

Deja que Él te ame y te guíe. Abandónate a su amor. Deja que Él te descubra que nadie mejor que el Amor podrá enseñarte a amar con un amor concreto, hasta llegar a convertir tu vida en el amor, en el mejor anuncio evangelizador.

Deja que Él te vaya mostrando, día a día, paso a paso, gesto a gesto, mirada a mirada, "presencia" a "presencia", el hermoso arte de dejarte amar. No esperes a estar rendido para entrar en la escuela en la que se enseña.

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