Si estás pasando por alguna dificultad, reza diariamente una oración al Espíritu Santo, que será para tí, luz, fuego, brisa, según la ocasión.

"Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores, adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que le adoran, en Espíritu y en Verdad es necesario que adoren." (Jn. 4.23-24)

viernes, 8 de julio de 2011

Cuando un agua está turbia, hay que dejarla reposar bajo la cálida claridad del sol para que las impurezas se depositen en el fondo y el agua aparezca pura en la superficie.
Lo mismo sucede con tu vida cristiana que se decanta poco a poco en la oración, bajo la mirada de Dios. El Espíritu Santo inclinará tu corazón hacia tal o cual forma de pobreza para mejor orientar tu vida en el sentido de la voluntad de Dios. Sobre todo aprenderás a estar delante de Dios, para él solo.
Cuando trabajas o descansas, obras demasiado por un fin. Te olvidas de lo maravilloso que es estar, sencillamente estar, sin pensar en más. La oración te hace estar delante de Dios.
La elección espiritual a la que se te invita es descubrir la voluntad de Dios sobre tí en un momento dado de tu vida para orientarla. No te puedes fiar, de las solas luces de tu razón, tienes necesidad de una revelación superior del Espíritu para comprender el designio de amor de Dios para contigo.
La oración continua, la contemplación del Evangelio, purifican tu corazón y te invitan así a entregar a Dios lo más íntimo de tu ser.
En el punto de partida, se da la certeza de que el Espíritu Santo quiere realizar en tí algo que te resulta imposible de definir de antemano. Habitualmente vienes a la oración con problemas precisos para los cuales quieres soluciones inmediatas. No puedes entonces descubrir la voluntad de Dios que exige una ausencia de cuestión previa y un olvido de lo que eres o de lo que haces.
Deja, pues fuera tus problemas y ábrete a Dios para someterte a una presencia efectiva del Espíritu que quiere realizarte. En la oración, te conviertes en el lugar de paso del Espíritu, dejando caer poco a poco tus defensas y tus seguridades.
Por eso la voluntad de Dios no pide habitualmente conductas extraordinarias o sensacionales. Dios trabaja en el tejido mismo de tu existencia, POR TANTO SU VOLUNTAD APARECERA A NIVEL DE TU VIDA DIARIA. Te pide sobre todo, que aceptes con plena lucidez tu ser de hombre, con sus límites y sus deficiencias, a través de las cuales te purifica.
CONTINUA ORANDO TOMANDO NOTA EN TU VIDA DE LAS LLAMADAS PRECISAS Y DE LOS DESEOS QUE EL ESPIRITU TE SUGIERE, pues siempre te habla a través de tus aspiraciones profundas haciéndote descubrir la voluntad de Dios. Y luego, trata concretamente de traducir como quieres realizar esa elección, acomodándola a la necesidad.
En todo caso, si has elegido según Dios, experimentarás una gran alegría en tí. La paz y la alegría son siempre las señales de la acción de Dios en tí, aún cuando esta alegría exija de tu parte un sacrificio real. Al mismo tiempo poco a poco, se formará en tí ese espíritu de discernimiento espiritual que te hará "sentir" la voluntad de Dios en todos los acontecimientos de tu vida.

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