Si estás pasando por alguna dificultad, reza diariamente una oración al Espíritu Santo, que será para tí, luz, fuego, brisa, según la ocasión.

"Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores, adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que le adoran, en Espíritu y en Verdad es necesario que adoren." (Jn. 4.23-24)

domingo, 31 de mayo de 2009

¡Estoy abatido!...
No hay que decirlo nunca. No hay que permitir que se diga. No hay que pensarlo nunca, lo creerías y sería desastroso. Los grandes hombres trabajan diez veces más que nosotros, en un tiempo diez veces menor. ¿Por qué? Saben organizarse, protegen, defienden o son capaces de recobrar la calma, se dedican por entero a cada tarea.
No escribas: no tengo un minuto para mí, te envío sólo unas líneas...hubiera deseado..., etc. Escribe inmediatamente estas líneas en forma simple; ganarás tiempo y defenderás tu tranquilidad.
No digas a quien te visita: "Sólo tengo un minuto, no te hago pasar..., etc." y no lo entretengas un cuarto de hora mientras haces otra cosa. Hazlo sentar y atiéndelo diez minutos, con calma, dándole la impresión de que le dedicas todo el día.
¿Te piden una entrevista? No comiences pretextando: "es imposible, tengo otro compromiso...". Di sonriendo: "Por supuesto, con gusto", y ofrece la primera fecha libre, aunque sea lejana.
Si te dicen varias veces: "No me atreví a molestarlo tal día... pues parecía muy apurado"; es grave, pues muchos otros vinieron y se fueron y no te lo dijeron nunca. Ahora bien, quizás ese día necesitaban de tí.
Nadie se confía al hombre abatido pues se supone que no puede recibirlo: ¡está abatido!
Si quieres vivir como hermano, mantén siempre abierta la puerta de tu casa y una o dos habitaciones de huéspedes para acoger al forastero.
Tienes mucho tiempo a tu disposición, pero pasas el tiempo perdiéndolo.
Repite sin cesar: por el momento tengo sólo una persona que recibir: la que recibo, tengo sólo una carta que escribir: la que estoy escribiendo, tengo sólo una cosa que hacer: la que estoy haciendo, así harás todo con más rapidez, mejor y con mucho menos fatiga.
Dormir y descansar no es perder el tiempo; es ganarlo. Las necesidades de cada uno difieren. Debes conocerte y atribuirte exactamente lo que te hace falta para conservar tu equilibrio y tu tranquilidad.
No tomes menos de lo que necesitas, te debilitarías.
No tomes más de lo que necesitas, serías goloso.
¿Estás abrumado de trabajo? Ofrece tu sueño o tu ocio al Señor y quédate en paz, no pierdas el tiempo.
El tiempo es un hermoso regalo que nos hace Dios. De él nos pedirá una cuenta exacta. Pero tranquilízate. Dios no es un mal padre, no da un trabajo sin procurar a la vez los medios para realizarlo. Siempre hay tiempo para hacer lo que Dios nos da para hacer.
Cuando te falta tiempo para hacerlo todo, deténte algunos instantes y reza. Distribuye luego tu tiempo bajo la mirada de Dios. Lo que lealmente no puedas llevar a cabo, déjalo, aunque los hombres insistan y no comprendan, pues Dios no te lo da para hacer. De modo que nunca tienes demasiado trabajo.
Cuando hayas descubierto qué es lo que Dios desea que hagas, deja todo y dedícate por entero a esa tarea. Dios te espera en ella, en ese momento, en ese lugar y en ninguna otra parte.

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